La raza, tal como la conocemos hoy en día, fue definida en sus rasgos centrales hace unos 100 años aproximadamente en los alrededores de la ciudad suiza de Berna.
De los cuatro tipos de boyeros suizos existentes, el de Berna, es el de mayor envergadura y de pelo más largo, con un porte realmente majestuoso. Sus ancestros se remontan a los perros tipo mastines que acompañaban a los soldados romanos en la época de expansión de su Imperio.
Según las teorías más aceptadas, su desarrollo como raza autóctona, a la que también se llamaba Durrbachler, se produjo en función de los trabajos que desarrollaban en su hábitat natural, las escarpadas montañas de los Alpes suizos.
En sus orígenes, el boyero fue criado por agricultores, campesinos y criadores de ganado, por lo que desempeñaba múltiples funciones. Cuidaba de los niños, las casas y las vacas, además de cumplir trabajos como llevar los carros cargados con jarros de leche.
Rebautizado como Bernersennenhund a comienzos del siglo XX, con los años cobró fama en toda Europa por sus destacadas características físicas y su noble comportamiento, que lo llevaron a ser considerado un excelente perro de familia.
Las actualeces condiciones de la raza datan de 1983, cuando se comenzaron a modificar ciertos detalles: ahora son más altos y su pelaje blanco fue notablemente reducido.
Berna es una ciudad en pleno centro del viejo continente. La ciudad se encuentra cerca de las grandes metrópolis europeas y de los Alpes. Con sus venerables edificios de arenisca, sus torres históricas y fuentes, la ciudad de Berna se cuenta entre los testimonios más impresionantes de ciudades medievales en Europa.
Berna luce uno de los paseos cubiertos de compras más
largos de Europa. Bajo las arcadas, en las plazas y en los
callejones, docenas de tabernas invitan a hacer una pausa.
La arteria verde de Berna se llama Aare e invita a bañar
en verano. Serpentea, siguiendo los contornos del casco
urbano y ofrece numerosos espacios para relajarse.
Berna fue fundada en 1191 por el Duque Berchtold V. von
Zähringen como baluarte de su imperio hacia el oeste,
siendo ampliada en varias etapas constructivas. En 1353,
Berna fue la octava ciudad en adherirse a la Confederación
Helvética. Después del gran incendio de 1405
se produjo la reconstrucción con arenisca. El casco
urbano medieval construido en aquel entonces apenas si ha
sido modificado hasta el día de hoy. En los siglos
XIV a XVI, Berna experimentó los momentos culminantes
de su historia. Fue la ciudad-república más
potente al norte de los Alpes. En 1528, la Reforma llegó
a la ciudad, en 1798 la invadieron las tropas de Napoleón,
cayendo la vieja Berna. En 1834, Berna fue ciudad universitaria
y en 1848 ciudad de la Confederación Helvética.
La ciudad es a la vez capital del cantón de Berna.